Hace tiempo que vivo aquí… BSSSSSSSSSSoy una mosca
autosuficiente. Abandoné a mi caballero. Me venció el aburrimiento. La vida era
siempre juerga, siempre tocar la guitarra. La mujer de cabello rojo volvió con
él. Tiene un contrato que cumplir. Y él, mi enamorado entrado en años y carne…
quiere sentir cerca el sol de su juventud que lo aliente. Yo no estoy celosa.
Su arruga alberga a mis larvas. Están gordas y lindas, nutridas por su sudor.
Adormecidas por su olor. Veo que muchos se tapan la nariz cuando lo ven
acercarse. Los más osados preguntan quien pisó mierda. Nos reímos de su cara de
muñeco de trapo. Bssss quisiera tener aguijón para picarlo…
Mi nueva casa es gigantesca, rosa y alberga un extraño
sillón. Todos quieren sentarse pero está prohibido. Lo usé más de una vez y en
mí nada cambió. En fin... Hago caca en él. Caca de mosca sobre su tapizado. Después
de todo, solo a la Gran Madre le queda bien. Pero al parecer, no le gusta
usarlo. La Gran Madre, a quien todos veneran. Así me gusta llamarla. Ella es
agradable. Severa. Inflexible. Amorosa… Un cúmulo de cualidades. Solo le haría
una crítica. Ojo que soy una mosca pero yo le hablo de frente. Me pongo en su
oído y le digo que el negro solo le sienta bien todo el tiempo a las moscas de
la carne, aun así, amamos los colores, rasgos de vida.
Me gusta estar con ella. Me paro en su hombro y camino hacia
su largo cabello, o recorro las perlas de su collar, pisoteo suavemente sus
uñas esmaltadas, patino en su escritorio. A veces, mojo mis patas en su agua. Pero cuando la Gran Madre empieza a hablar…
¡Qué florido es su vocabulario! ¡Qué excepcional su sarcástico sentido del
humor! A veces, a solas las dos, la ayudo a preparar sus discursos. Camino
sobre las teclas de su computadora, sobre los libros que consulta, los informes
que sus súbditos le traen. Ojo que soy una mosca pero también soy posmoderna.
Yo se que Argentina no tiene una monarquía. Eso hasta las moscas
lo sabemos. Solo que ella tiene una luz interior que la pone a brillar haciéndola
superior. Todos se arrodillan ante ella y no osan a mirarla a sus augustos ojos.
A mí me gusta ese momento en donde ella espera resultados, aprovecho a pisotear
a estos infelices y a desovar en sus espaldas curvadas por la obsecuencia. Y si
la divina ira no llega, los acompaño hasta la puerta zumbando loas en sus
oídos sordos. Pero el sol se oscurece cuando la Gran Madre es ofendida. Todas
las moscas nos autoconvocamos y caemos sobre los culpables. Sus ojos ríen y deja
caer disimuladamente granos de azúcar para premiarnos y nosotros atezamos la
piel del responsable, nos metemos en su boca y callamos cualquier palabra que
diga. Ella entre sus moscas constantes. Somos el ejército de moscas de la Gran
Madre.
Si. Esssssssssso somosss.
Complicados son los actos a los que nuestra reina es
propensa. Allí debemos rondar alertas a los aplaudidores, máquinas de matar de
nuestro reino que baten palmas sin cesar cada vez que la escuchan cerca. Ponen ojos
de devoción.- Ojos vacíos. Nada ven, solo a ella… Hubo una vez en
donde varias de nosotras cayeron y de cuyos nombres no quiero acordarme. No importa.
Importante es la anécdota. Yo, distraída y enamorada iba en mi caballero amado,
por eso me salve. Mis hermanas salieron junto a ella y se distribuyeron en el
enorme salón. La Gran Madre hablaba pausadamente, con el tono trágico que la
hace brillar. Extraña quietud en el ambiente y ella empieza a subir de tono, su
voz se casca y adquiere vibrato. Sus ojos se elevan al cielo, la multitud
prepara sus nervios para el golpe final. Y ella casi sin voz, con lágrimas
sutiles en sus ojos maquillados, solo dice El… y todos rompen en aplausos… Que
decir, fue una catástrofe. Pero justamente, como somos moscass y no humanos,
aprendimos y ahora defecamos sobre los asesinos desde lo alto.


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