sábado, 1 de octubre de 2011

Cataratas Aventura



Se enciende una luz puntual. Sobre un banco inestable, Amanda, ciega, tantea con su bastón y hace equilibrio para no caerse. Un arnés la mantiene casi en el aire.
AMANDA
Señor, ¡Oiga! ¿Falta mucho? ¿Viene más gente, no? No quiero ser pesada… pero… Mire que yo pagué por la excursión con todo… TO- DO (por lo bajo) Cataratas Aventura… ¡Já! (Pausa, atenta a cualquier sonido) ¡Hola! ¿Voce sta i? (Da un paso y pierde el equilibrio) ¿Señor? ¿Hola?

Entra un hombre. Es el “Guía”. Guiño enigmático a la platea.  
AMANDA
¡Acá llegó! ¡Por fin! ¿Me entiende? ¿Qué hora es? ¿Cuándo salimos? ¿Falta mucho? ¿Estamos alto? Esta plataforma es chiquita… ¿Es segura? Sabe… no me acuerdo de nada… ¿Cuando llegamos? ¿Que día es hoy?  ¿El hotel tiene internet?
El hombre hace un gesto operístico. Sonido de helicóptero. El arnés se tensa y eleva a Amanda del banco. A lo lejos, sonido de catarata.
AMANDA
¡Despacito! ¡Mire que tengo presión ocular! ¡Sí! ¡Así! ¡Más rápido! ¡Más alto! ¡Más aventuras! ¡Quiero mi “Catarata aventura” toda completa!
Se activa un enorme ventilador frente a Amanda. El sonido es atronador. El viento sopla cada vez más violentamente, vapuleando el arnés. El hombre golpea a Amanda con algunas ramas. Ella las espadea con el bastón
AMANDA.
¡Oiga, voce! ¿Me escucha? ¡Más despacio! ¿Me está metiendo entre los arboles? Mire que soy alérgica y va a gastar una fortuna en médicos…
El sonido del helicóptero es casi ensordecedor y la catarata cobra dimensión dando la idea de cercanía. El hombre lleva un balde lleno de agua. Se para delante de Amanda y la empapa.
AMANDA.
¡Ah! ¡Pero…! Yo… me quiero bajar… ¡Bájeme ya! ¿Que se piensa? ¡¡Me van a tener que resarcir con una estadía para dos personas en Sudáfrica! ¡Pare! ¿Adónde me está llevando? (Grita) ¡Quiero volver al hotel!
Amanda pierde el bastón. Comienza a jadear y a patalear. El arnés se sacude mientras el sonido de la catarata estalla plenamente. El hombre le tira un segundo baldazo de agua. Amanda se agita aterrada.
AMANDA
¡No! ¡No! ¡Auxilio! ¡No sé nadar! ¡Quiero hablar con mi embajada! ¡Por favor! ¿Me escucha alguien? (El hombre vuelve a mojarle la cara) ¡Auxilio! ¡No sé nadar!
Con el mismo gesto operístico, el sonido de la catarata comienza a alejarse.
AMANDA
¡Gracias, Dios mío, gracias! (llora) Si yo hubiese sabido…
El arnés deposita a Amanda sobre el banco. Esta empapada y asustada. Bracea a ciegas. Pasa muy cerca del hombre sin tocarlo.
AMANDA
Hola… ¿Voce sta i? Quiero volver al hotel… ¿ya está el bus? ¿Tiene baño? Estoy hecha un lio…
El hombre tiene un hueso maloliente y enorme entre sus manos.
AMANDA
¿Pero donde estoy? ¡Qué olor! Yo pagué por aire puro…
El hombre quiebra una ramita. El crujido hiela a Amanda.
AMANDA
¿Quién está ahí? Mire que tengo pensión completa… No quiero perder la cena…
Otra ramita y el terror crece en Amanda que da manotazos en todas direcciones.
AMANDA
¡Contésteme! ¿Quién está ahí? 
El hombre saca una garra disecada. Amanda se agita. Se oye un gruñido. El hombre rasguña levemente la mejilla de la mujer. El arnés se suelta pesadamente.
Apagón.
Grito desgarrado.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Escribir es un oficio solitario. Ser leída por un desconocido alberga un misterio... Me gustaría saber lo que pensas...

Maldón

  Nací en el desierto Muchos años atrás Jesús rondaba cerca Un día no estuvo mas     Viajé muy lejos  Po r fuego y fulgor  B u...