martes, 4 de diciembre de 2012

La peor de las Marías


María no era virgen. Era madre de doce niños. Su cuerpo se vaciaba y se llenaba de hijos casi por milagro, tal vez en eso se parecían. Claro que en una operaba la fuerza del espíritu y en la otra, imperaba el mandato del hombre. Una era la madre de Dios y la otra, una pequeña mujer sin espacio y sin techo. Nuestra María, cercana por su carnalidad, se levantaba todos los días pensando en cómo iba a alimentar a su familia. Recorría los kilómetros casi de madrugada, sacudiendo la modorra, obligándose a dar cada paso cuando le dolía algo o cuando las preocupaciones le achataban el ánimo. Entonces prefería no pensar. Dejar que la tierra roja se le metiera entre los dedos, que la humedad la envolviera. Se internaba en el monte solo un segundo y escuchaba los pájaros para salir de adentro de su desgracia. Doce hijos y mala suerte con los compañeros, que tenían poco de hombre y mucho de zángano. No sabía por qué pero a todos les gustaba pegar. Ella, que soportaba yugos desde niña, estaba acostumbrada y se dejaba. Como se dejaba cuando él la manoseaba y se dejaba cuando él le decía que iba a cagar a palos a sus hijos, los de él y los del otro, porque ella era una puta. Ella solo sabía que el desahogo de su hombre le traía al mundo un nuevo hijo que cuidar. Nunca pensó en evitarlos. Era analfabeta. No sabía cómo...
Era ella, contra el hombre y la naturaleza. Ella… Sola…
Y María agachaba el lomo y seguía adelante. De la mano, el que supiera caminar, en la teta el recién nacido. Acomodaba como podía a los mayores y les prohibía ir a cazar al monte. Tenían que cuidar a sus hermanos, aunque secretamente esperaba que la desobedecieran y trajeran alguna paloma para el puchero…  Hacía hambre todos los días… los veía huesudos, saludarla… Y se tragaba los mocos y salía. Por sus hijos.
El marido descansando, por supuesto, como rey de la manada, después de todo él no mentía, detestaba trabajar y se lo dejaba bien claro… Su oficio era golpearla. Cuando quería, cuando ella lo obligaba, cuando el mundo lo humillaba. Y el gobierno… como el marido. Dormido a la desgracia de María. Golpeador y ausente. Aunque digan lo contrario.
Y así fue muchas cosas. Nunca lo que quería. Aunque la verdad, nunca había pensado en eso. Veía a sus hijos llenos de piojos, sucios y desnutridos y solo pensaba en trabajar de sol a sol, apechugar las injusticias y llevar algo de comida al rancho. Fue sirvienta, tarefera y picó piedras en una cantera hasta unas horas antes de parir a su última hija… Picó piedras, embarazada… parturienta… ¿por qué lo haría? Por sus hijos.
Pero un día, quiso la desgracia, que una de sus nenas, se enfermó. Gritaba de dolor y se agarraba la panza. María la calmaba como podía pero comenzaba a preocuparse. Hacía varios días que todos tenían hambre. Y su memby no era así, era buena, jugaba y era obediente. Cuando la bebé de solo dos meses la reclamó, María recordó sus pechos. Tomó a la nena e intentó amamantarla. Tal vez la leche la saciara. Pero la nena lloraba y gritaba. No se calmaba. Entonces ella ordenó a sus hijos como pudo, dejó a la bebita en otra casa y se echó a la ruta con su llorosa hija en brazos.
En este punto, las dos Marías vuelven a tocarse, pues ambas vieron a sus hijos morir. Una, no pudo abrazarlo, lo contempló expirar desde la cruz y dicen que los cielos tronaron su partida. La otra, respiró aliviada cuando la nena se durmió en su hombro, tendría que andar mucho hasta la salita y era mejor el sueño. No tenía plata para el colectivo, nadie en la ruta le paraba y caminó durante tres horas. El cuerpito duro y frío la hizo disminuir la marcha. Pero no paró. Siguió caminando con la esperanza cada vez más flaca. Le habló antes de verla. Entre lágrimas le cantó una canción y se sintió la madre más mala del mundo, la que Dios castiga llevándose a sus hijos. Por fin, miró a la muerte de frente y fue como recibir la trompada más bestial que en su vida había recibido. Caminó de vuelta al rancho apretando contra sus tetas a la nena muerta y la leche de sus pechos le mojó la ropa como lágrimas de madre que se unieron a sus otras lágrimas.

¿Qué iba a hacer? No entendía lo que había pasado. ¿No tenía suficiente desgracia, acaso? ¿Qué sería de sus hijos si ella no estaba? ¿Qué les diría a todos? No pensó más. Envolvió el cuerpecito con una sábana y lo enterró en su monte, al costado del arroyo. Para que el marido y la ley no le pegaran.

Durante los tres días que vivió antes de su detención, la tristeza la estrangulaba. Pero estaba la olla, el trabajo, los chicos y el marido… y ella… Sola… Como una criminal la esposaron, la llevaron detenida y por un año y siete meses la acusaron de ser de las madres que merecen pudrirse lejos de sus hijos. Y se los arrebataron.
Su marido y la ley se hicieron presentes. Uno aprovechó que ella estaba en la cárcel para vender su casa y los poquitos bienes que tenían. Abandonó a sus hijos y se fue a chuparse lo recaudado. La otra la mantuvo recluida, castigada. Sin juicio, sin autopsia, sin investigación. Se condolió por la niña muerta pero abandonó a los otros 11 que quedaban vivos.
Hoy María por fin está libre. Parece que la del cielo, iluminó el entendimiento de los hombres para que la absolvieran… y son ellos los que tienen que devolverle a sus hijos. El marido, parece que murió. La ley busca nuevos criminales que acusar. Aunque los hijos de María no tienen documento, ni ayuda, ni madre…

Y ella, la peor de las Marías, llora cuando cierra los ojos y escucha  el grito de su pequeña memby en sus recuerdos. Pero dice que va a aprender a leer. Ojalá lo haga y pueda leer esta historia…
Espero que la otra María la cuide desde el cielo, porque tal vez sea la única ayuda con la que cuente.

5 comentarios:

  1. es precioso, laura! todavía me estoy comiendo yo los mocos del llanto, por tantas marías de este país llenos de putos delincuentes que sólo piensan en saciar sus hambres de soberbia, indignidad y oprobio!
    besos a vos, a maría,a todas las marías que pasan por este calvario todos los días!

    ResponderBorrar
  2. Hola Lau:es la segunda vez que intento una publicacion en este "deje su comentario".Espero esta vez resulte.
    Cuando empece a leer me encontre con un texto que me llevo al Norte Argentino:La Pomeña,carnavaleando... de sentir el dolor pero seguir,porque se esta vivo.
    Luego pense,solo La Pomeña es sufrida?no, podria ser cualquiera de las mujeres que habitan esta tierra,y si lo leyera una chilena diria cualquier mujer de estas tierras chilenas ,y se seguiria asi,si cualquiera de esa mujeres que habitan latinoamerica?,porque la sumision y el sometimiento no es otra que la metafora de esta tierra.
    Pense en la Yerba esa fiel compañera del hombre de estas tierras,que es usada y siempre fiel acompaña sin ser reconocida jamas,que el estar en la vida de cada individuo en momentos intimos de dolor,alegria,felicidad,meditacion esta compartiendo sin pedir nada a cambio solo estando.
    Esta Maria de la que se habla aqui es todo lo femenino y su condicion,donde el hombre la lleva hacia abajo,y ella sosteniendo la frente alta,sigue,da y no tiene condicionalidad.Esta porque lo femenino es darse,y le cuesta desprenderse de ese abrazo oceanico con su opuesto masculino,y ser quien es, sin diluirse en el otro.Hay niveles, pero siempre a ella,la fuerza de lo femenino le cuesta continuar su forma.Tambien lo eterno femenino nos eleva hacia arriba.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Que hermoso, los recovecos donde te ha llevado tu mente. Es una historia real: la de María Ovando. La realidad supera la ficción, una vez más y alimenta una poetica que solo trata de poner en orden y unir los tristes acontecimientos! Besoss, Dora y salieron los dos comentarios!

      Borrar
  3. Lau me encanto,no importa hacia que se refiere esta historia,me toco y desde alli me puse a escribir.
    Pena,perdi el otro comentario me parece era mas claro,lo que intentaba decir.GRacias y besos

    ResponderBorrar

Escribir es un oficio solitario. Ser leída por un desconocido alberga un misterio... Me gustaría saber lo que pensas...

Maldón

  Nací en el desierto Muchos años atrás Jesús rondaba cerca Un día no estuvo mas     Viajé muy lejos  Po r fuego y fulgor  B u...