Habitación. Puerta en el fondo ornamentada con mampostería arábiga. En un lateral, una repisa con diferentes sombreros extraños. En la gran cama con un coqueto baldaquino árabe, una enorme mujer Gorda, fuma angustiada. Es Irupé del Arroyo. Alrededor de ella, coquetos ceniceros cargados de colillas. Irupé del Arroyo, que no mueve un músculo, va vestida como Mata Hari. El tocado, un poco excedido en tamaño, representa una torre de Pisa multicolor y luminosa. Irupé suspira y fuma, fuma y suspira.
Se abre la puerta violentamente.
Entra Rodolfo Valentino con su clásico atuendo de Sheik. Irupé casi no puede respirar
RODOLFO: Te amo, Irupé...
Irupé se incorpora sobresaltada y corre a sus brazos.
IRUPE: ¿Trajiste?
Valentino asiente con expresiva solemnidad.
Irupé, en un desmayo, lo besa largamente tan largamente que parece comerselo y queda exánime en sus brazos.
RODOLFO: (Casi sin aire) Te amo, Irupé del Arroyo, fruto exótico de mi bedel, objeto deseado por turcos y moros y que yo solo puedo poseer...
IRUPE: ¡Dame, dame!
RODOLFO: Hela aquí, pecadora...
Valentino saca de entre sus ropas una banana. Irupé se abalanza sobre el fruto y lo devora.
RODOLFO: Irupé de las Bananas serás desde hoy. Irupé de los sabores prohibidos...
IRUPE: ¡Más! ¡Quiero más!
Valentino saca de entre sus ropas un kiwi. Arroja la fruta lejos de él
RODOLFO: Toma, perdición de mi aliento...
IRUPE: ¡Mío! ¡Mío!
Irupé salta sobre el kiwi y lo devora
RODOLFO: ¡Avara! Amo tu glotonería sin fin, tu...
Valentino saca de entre sus ropas un ananá y lo deja en el suelo.
IRUPE: Ay, no… ¡Piedad, piedad!
Irupé se tira encima del fruto. Valentino se acerca lentamente a la cama guiándola en su lujuria, mientras va desvistiéndose. Ella come salvajemente.
RODOLFO: ¡Sí! ¡Sí! ¡Mi fruto exótico! ¡Perla escapada de mil trópicos! ¡No quiero esperar más para poseer tus misterios!
Valentino saca de entre sus ropas un higo y se zambulle acrobáticamente en la cama. Ya en pose apoya la fruta en su entrepierna. Irupé lo contempla un segundo atravesada por su voluminosa pasión y arranca a correr, saltando sobre su amante.
IRUPE: ¡Sed! ¡Me estoy quemando!
APAGON
Enciende la luz sobre una inmensa cama de ramas con un baldaquino hecho con la piel de un leopardo. La enorme Irupé del Arroyo fuma ansiosamente haciendo aros de humo que se escapan en el aire. Lleva en la cabeza el turbante de Valentino. De afuera llega el clásico grito de Tarzán. Irupé del Arroyo se incorpora y corre a la ventana. Sigue con la cabeza al hombre que, evidentemente, pende de su liana frente a ella.
IRUPE: ¡Johnny, Johnny! ¡Mi peludo hombre mono!
Saca medio cuerpo fuera. Pausa. Vuelve con la cara transfigurada por la cólera y con una uva en las manos.
IRUPE: ¿Qué es esto? ¿Eh? ¿Qué, qué, qué?
Nuevo grito de Tarzán.
IRUPE: ¿Qué? ¡A mí no! Ya vas a ver, salvaje… ¡Já!
Irupé toma unas inmensas tijeras. Corta la liana. Se escucha el grito de Tarzán cayendo al vacío.
IRUPE: ¡Impotente!
APAGON
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